
Y es que incluso los jugadores profesionales del blackjack que vivieron antes del año sesenta y cinco, tan sólo presuponían que el juego podía inclinarse a su favor si ponían en balance su juego en relación con las cartas que aún iban quedando en el mazo.
Como es de suponerse, los casinos se encontraban en una etapa más que segura, ya que el número de ganadores, al no haber una estrategia base de juego, era mucho muy inferior a la que podría haber de otra forma, y por tanto, las ganancias que los casinos obtenían de ello eran muy por encima del estándar que pueden llegar a tener hoy.
Los ganadores en los casinos eran pocos, y aún así, no solían ganar tanto. Los ingresos de los casinos eran extremadamente altos, y eso que estamos hablando que para el año sesenta y cinco, el blackjack no era un juego popular. ¿Qué fue lo que cambió todo esto? Un solo jugador: Edward O. Thorp.
Durante la siguiente década, que abarcaría hasta el año setenta y dos, el juego de blackjack sufriría una gran modificación sobre los hábitos de juego de los apostadores y sobre las políticas que los casinos establecerían a la hora de jugar.
Este cambio drástico sería dado por la publicación del libro de Thorp, el cual no pudo haber tenido otro título mejor que el que escogió, ya que Bate al crupier, no sólo era una promesa, sino una realidad posible.
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