
Todos podemos reconocer cómo la discusión de la convivencia entre realidad y virtualidad ha estado en aumento durante los últimos años. Superproducciones como Matrix se encargaron de hacer reflexionar a la audiencia sobre la delgada línea que puede haber entre estos dos mundos. Pero ni siquiera en la mente de los realizadores de esta película, estaba presente el alcance real que han tenido los juegos virtuales.
El ejemplo más claro de ello lo podemos encontrar con Second Life y World of Warcraf; en donde las transacciones y la dedicación que los usuarios ponen en estos juegos muchas veces superan la actividad que tienen en la vida real. Y es que para tener un nombre como “Second Life” ya deberíamos irnos dando cuenta de qué va el juego.
Esta plataforma social, combina la mejor tecnología de interacción para convertirse en uno de los líderes indiscutibles de los videojuegos llamados: simuladores de vida. Y para aquellos que no están familiarizados con este tipo de juegos, la pregunta inevitable es: ¿Qué se puede hacer con ellos? Absolutamente lo que sea.
Manejando un avatar en tercera persona que es diseñado por el usuario, permite la flexibilidad para que el personaje desarrolle cualquier tipo de actividad; desde prescenciar conciertos en línea o ir de compras, hasta jugar otros juegos dentro del juego, construir edificios, conducir o incluso tener una relación amorosa dentro de él.

Cada vez nos resulta más y más familiar escuchar y leer sobre casinos virtuales, sobre apuestas virtuales, póker virtual; y es que se nos hace tan frecuente, que muchas veces, ni siquiera nos detenemos a pensar qué quiere decir la palabra virtual, o qué efecto le otorga dicho calificativo a la palabra que le precede.
La Real Academia Española define lo virtual como aquello que tiene la virtud de producir cierto efecto, aunque no lo haga de presente, pues está implícito. Por tanto, lo virtual, se usa para contrastar lo efectivo; aquello cuya existencia es aparente y no real. ¿Pero qué pensarían los millones de jugadores si se les dice que este tipo de existencia no es real?
Cada día, millones y millones de usuarios se conectan a sus computadores para probar conocer gente, unirse a mundos fantásticos, comprar accesorios y ropa que usarán los personajes que ellos diseñan, construir casas que jamás habitarán, ver lugares a donde no podrían ir de otra forma.
¿Nada de esto es real? ¿Puede ser real y virtual al mismo tiempo? ¿O simplemente se puede decir que lo real afecta lo virtual y viceversa? Estas preguntas parecerían más propias para ser contestadas en un aula de filosofía que en un artículo que hable de juegos; y así se hace también. No son pocos los académicos y artistas que están tratando el tema hoy en día.
