Una leyenda griega cuenta que, concretamente, el inventor de los juegos de dados fue Palamedes, un héroe militar griego (se le atribuyen otros inventos, como el ajedrez o el alfabeto griego) y el invento tenía como objetivo entretenerse y entretener a sus colegas durante las entonces tan comunes guerras de asedio, en las que, esencialmente, un ejército rodeaba a una ciudad y trataba de agotar a sus defensores hasta que se rindieran o estuvieran suficientemente debilitados como para intentar un asalto a mano armada sobre sus murallas.
Estos asedios eran usualmente prolongados, durante muchos días no sucedía nada, y a veces las cosas seguían así por meses, dependiendo de cuántas provisiones tuvieran los asediados para poder sobrevivir; no es de extrañar que en tal contexto y sabiendo que sus vidas estaban en juego, los soldados buscaran formas para entretenerse.
Si nos trasladamos ahora de Grecia a Roma no nos queda más remedio que comentar la tan conocida frase: Alea iacta est (los dados están echados, la suerte está echada), frase que dijo Julio César al ordenar a sus tropas cruzar el Rubicón y desencadenar la guerra civil que habría de llevarle al poder.
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