
A menudo nos tocan dos cartas del mismo palo en una mano, y esto nos incita a actuar en una forma o en otra. Pero cuando esto sucede es igualmente fácil malinterpretar esta combinación de cartas y actuar en forma errónea, o incluso paralizarnos por no saber cómo utilizar este dato para tomar una decisión respecto de la apuesta.
Desde las últimas tres posiciones en la mesa (la última, la anteúltima y la antepenúltima), la diferencia entre tener dos cartas del mismo palo y dos cartas de distinto palo pueden significar tanto como para transformar nuestra decisión de retirarnos, en la decisión de subir la apuesta. En cambio desde cualquier otra posición, esta diferencia nunca es significativa.
Si estamos en las primeras posiciones, lo único que debemos mirar es el número de las cartas, y no su palo. Este es un consejo que no se suele dar, y que sin embargo es sumamente importante. Son muchas las personas que creen que por tener dos cartas del mismo palo en la mano tienen la posibilidad de realizar una muy buena mano con un color o incluso con una escalera de color.
Y sin embargo, no se suele tener en cuenta la posición de la mesa en la que los jugadores se encuentra cuando recibe las cartas de los juegos. Y esto es lo que marca la diferencia entre tener la suerte de haber recibido dos cartas de un mismo palo, a tener sencillamente dos cartas como cualquier otras.

Un jugador de póker exitoso es una amalgama de diversos atributos y características especiales. Hay ciertas habilidades que el jugador exitoso ha desarrollado. Por empezar, ha aprendido las probabilidades de cada mano y las maneja a la perfección. También tiene la habilidad de calcular las pot odds en cuestión de segundos y reaccionar correctamente basado en esa información.
También posee la habilidad de mantener la calma cuando una buena mano es derrotada por otra aún mejor. Los jugadores realmente buenos poseen un instinto innato que en los momentos críticos se inclina correctamente por permanecer y jugar la mano o retirarse. Esta capacidad de apartarse en el momento en que existen probabilidades altas de que se cometa un error es una maniobra, que puede observarse a menudo en los torneos que se muestran en la televisión.
Los malos jugadores son aquellos que toman malas decisiones, y los buenos jugadores las evitan. Todo jugador puede recibir milagrosamente una manos excepcional, pero en la mayoría de las manos esto no sucede, y la diferencia entre ganar y perder no pasa por recibir algún regalo de la suerte, sino por saber manejar estas manos en las que lo que realmente marca la diferencia es saber tomar la decisión correcta sobre si quedarnos o retirarnos.
