
La mayoría de los productores de máquinas tragaperras apuntan a proveer a los operadores de casinos con máquinas por dinero, las cuales son necesarias para justificar los tantos miles de millones de dólares que han gastado, y que continuarán gastando, ya sea al expandir sus propiedades existentes con nuevas atracciones y salas, como así también al inaugurar otras instalaciones en nuevos mercados.
“Con todo este crecimientoque esta ocurriendo, cada casino necesita atraer a nuevos jugadores, de lo contrario todos veremos caer nuestras participaciones en el mercado”, según dijo Frank Legato, que es el editor operativo del periódico de finanzas y valores Global Gaming Business. “Es crítico que sigamos trayéndonos jugadores a los casinos, en lugar de reciclar aquellos que ya nos visitan hoy”.
De la suma mayor a $ 1 mil millones que logran las máquinas tragaperras, cerca de $ 1 millón son otorgados a los ganadores favorecidos en las tragaperras de los Estados Unidos de América en un día promedio. Sin embargo, aún cerca del 5% al 10% quedará para el casino, dependiendo de las mismas características del casino y del monto utilizado para practicar el juego en estas máquinas, ya sea de un centavo, 10 centavos, 25 centavos a un dólar.
“Los fabricantes de las máquinas tragaperras necesitan averiguar cómo desarrollar sus productos, de forma tal que logran atraer a los jugadores más jóvenes”, según dijo el señor Maloof al respecto de las necesidades que ocurren hoy en la industria. “A fin de cuentas eso es exactamente lo que necesitamos”.

Las encuestas realizadas por la industria muestran que aquellos jugadores de 21 a 40 años (quienes están contemplados como autorizados según las leyes de diversos estados respecto de las apuestas en juegos de casino, y quienes han visto jugadores de póker convertirse en verdaderas celebridades en los canales de televisión) tienen menos restricciones morales al respecto de las apuestas de lo que tuvieron los llamados “baby boomers” (los nacidos en el tiempo de la posguerra) y sus padres. Los jugadores más jóvenes o y viajan a la ciudad de Las Vegas y a otros destinos de apuestas en grandes grupos, lo que favorece enormemente a esta industria.
El problema para esta industria es que estos jóvenes jugadores pasan mucho menor tiempo dentro de los casinos de lo que lo hacen los jugadores de mayor edad.El presidente del palms Casino Resort, George maloof Jr, dice que esto se debe a que “los jugadores más jóvenes vienen a esta ciudad ha para mirar. Ellos beben iban a clubes nocturnos, luego van a los clubes nocturnos de after – hour, se divierten en la piscina. Las apuestas en general no están incluidas con demasiada preocupación en sus agendas”.
Sin embargo las apuestas, particularmente durante la práctica en las máquinas tragaperras, siguen siendo lo que reúne mayor cantidad de dineros. Las máquinas tragaperras a menudo son conocidas como las “bellas bóvedas” en la industria, debido a que son ellas las que reúnen cerca de tres cuartos de los ingresos generales de $ 60 mil millones en los casinos de los Estados Unidos de América.

La venerable máquina tragaperras está siendo sometida actualmente a un cambio generacional. Por más de un siglo, desde su invención en manos de un inmigrante alemán llamado Charles Fey en los 1890s, las máquinas tragaperras poco más que tan sólo dinero en efectivo, incluyendo un poco de fe y la habilidad deja hablar de una palanca o de presionar un botón.Un ingeniero dedicado a la calidad de software de nombre Carl Jacobson se dedica al examen de las máquinas tragaperras del estilo de Pong en una oficina de desarrollo de juegos en Huntington Beach, California.
Pero ahora es que una nueva clase de máquinas tragaperras, que apuntan a atraer a jugadores más jóvenes quienes han crecido practicando juegos de video, que hoy demandan algo más en su entretenimiento, quizás algo que requiere de mayor habilidad.
La adición del elemento de coordinación mano, que es algo relativamente simple, es tan sólo una de las formas en las que las máquinas tragaperras están intentando ampliar su atractivo, incorporando mecanismos que han probado ser muy populares entre los jugadores de mayor edad pero además de estos nuevos mecanismos que proveen mayores pagas por juego, los productores y desarrolladores de estas máquinas han desarrollado juegos comunales que enlazan series de máquinas, y esto definitivamente aprobados el popular entre los jugadores menores a los 40 años de edad.
En poco tiempo veremos aparecer en los casinos las máquinas tragaperras con joysticks, lo que la industria espera que sea particularmente popular, así como también otras máquinas que permitirán a los usuarios jugar en serie o unos contra otros, tal y como lo hacen muchos juegos por Internet.

Pronto, comenzaremos a ver a esta nueva generación de máquinas tragamonedas, las cuales vendrán en muchas versiones. Algunas de ellas tendrán joysticks adheridos a ellas, y la industria espera que el recibimiento del público sea más que favorable, toda vez que estas nuevas máquinas tragamonedas podrán usarse como se utilizan los video juegos actuales: en competencia directa con otros usuarios, incluso por internet.
Y es que hay algo que es muy cierto en todo esto: las nuevas generaciones están más familiarizadas con el juego de lo que lo estaban generaciones más atrás. Cada vez, más gente joven se dirige a centros como Las Vegas o Atlantic City, y la franja de edad que abarcan los que tienen entre 21 y 40 años, no solamente están siendo seducidos por el juego, sino por toda la parafernalia que gira alrededor de él: programas de apuestas por televisión, productos relacionados.
El único problema que tiene esta industria con estos jugadores, es que pasan menos tiempo en los casinos que los jugadores mayores. De ahí que nazca la necesidad de adaptarse a ellos. Y es que los jóvenes todavía buscan más la diversión en el alcohol y en las fiestas que en las apuestas. Pero, eso no significa que los jóvenes no se detengan a apostar unas cuantas fichas. Las máquinas tragamonedas no pueden no adaptarse a los jóvenes; porque ellos son los futuros apostadores.
